El día que Apple y Connectix intentaron matar a PlayStation desde un Mac
Hace ya casi tres décadas, la idea de ejecutar juegos de consolas antiguas en un ordenador personal sonaba a ciencia ficción o, como mucho, a experimento de laboratorio inestable. Sin embargo, en el año 1998, Aaron Giles, un programador veterano conocido por sus ports de LucasArts, trabajaba en Connectix, empresa famosa por su Virtual PC. Durante una comida casual, comentó cómo los emuladores caseros de PlayStation funcionaban sorprendentemente bien al leer directamente el CD original. La idea caló hondo: ¿por qué no llevar esa experiencia nativa a los ordenadores de Apple? El catálogo de títulos para Mac era escaso comparado con la abundancia del mundo Windows, y conectar la consola más vendida de la historia con la pletina de un iMac parecía la jugada maestra para revitalizar la plataforma.Connectix se acercó a Sony para licenciar el firmware oficial y obtener su visto bueno, pero la gigante japonesa, celosa de su ecosistema cerrado, rechazó la propuesta. En lugar de rendirse, Giles se puso manos a la obra para realizar ingeniería inversa del código de Sony. El reto era enorme: crear un software estable y rápido sin depender de las librerías oficiales. El equipo trabajó a destajo durante meses, culminando el desarrollo justo a tiempo para la MacWorld Expo de enero de 1999. Fue entonces cuando Steve Jobs subió al escenario para presentar el producto final, bautizado como PSX. La demostración fue impecable: insertar un disco de PlayStation en el lector del iMac y ver cómo el juego arrancaba al instante generó una expectación tremenda entre los asistentes.Sin embargo, la euforia duró poco. Pocos días después de la conferencia, Sony envió una carta de cese y desistimiento, alegando que Connectix había utilizado demasiado código propietario. La demanda obligó a frenar las ventas mientras se resolvía el litigio. Aunque Connectix ganó la batalla inicial al demostrar que todo el código era original, Sony logró congelar el mercado del emulador. Con la llegada inminente de la PlayStation 2 y el enfriamiento del entusiasmo por jugar a juegos de una generación anterior en ordenadores personales, el proyecto perdió fuerza. Finalmente, ambas partes llegaron a un acuerdo extrajudicial: Sony compró los derechos del software de Connectix y lo archivó, dejando a millones de jugadores con las ganas de disfrutar de sus títulos favoritos sin necesidad de hardware específico.
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