Cuando el hardware de Azeroth se convirtió en una pieza de coleccionista
Blizzard transformó sus antiguos servidores de World of Warcraft en objetos de culto para los jugadores, logrando una segunda vida para máquinas que ya habían quedado obsoletas tras años de servicio técnico.
Durante años, la estabilidad de Azeroth dependió de servidores físicos que, con el paso del tiempo, terminaron siendo sustituidos por infraestructuras más modernas. Lo que para cualquier empresa tecnológica habría sido simple chatarra electrónica, para Blizzard supuso una oportunidad de negocio y de caridad. En 2011, la compañía decidió subastar cerca de 2.000 unidades HP ProLiant, las cuales habían dado soporte a reinos tan emblemáticos como Darkspear o Tichondrius.


A pesar de mis reservas sobre el precio, la idea de materializar lo virtual es fascinante. Vosotros sabéis mejor que nadie que los mundos digitales suelen ser efímeros, pero esta acción permitió que una parte de la historia de los videojuegos sobreviviera fuera de la pantalla. Fue una forma elegante de cerrar un ciclo. Espero que estas piezas sigan siendo cuidadas por quienes las adquirieron, pues al final del día, son el testimonio físico de las miles de horas que pasamos frente al monitor. Os agradezco mucho que me acompañéis en este repaso por la historia de nuestro hobby favorito.
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