World of Warcraft: Midnight – ¿Una Luz Demasiado Acogedora o el Retorno Triunfal de Azeroth?
El lanzamiento de una nueva expansión para el padre de los MMORPG siempre genera una expectación considerable, y Midnight no ha sido la excepción. Con un coste de entrada que oscila entre los 49,99 euros para su edición estándar y los 89,99 euros si deseabais acceso anticipado, más la suscripción mensual habitual, la inversión no es baladí. Este modelo de acceso temprano de pago es algo que a mí, sinceramente, me sigue chirriando; lo encuentro difícil de justificar, aunque entiendo que la demanda existe. A pesar de esto, lo que la nueva entrega propone puede resultar bastante atractivo para quienes mantenemos un vínculo con Azeroth, especialmente aquellos que, como yo, guardamos recuerdos de la época de Vanilla o The Burning Crusade, evocando sensaciones que creíamos ya olvidadas, aunque no sin matices.
Una de las primeras impresiones que nos deja Midnight es la sorprendente reinvención de su capital. Lunargenta, conocida también como Silvermoon, ha experimentado una metamorfosis radical, pasando de ser un mero decorado a una ciudad vibrante y útil, algo que no veíamos desde Dalaran. Y no, no lo digo a la ligera. Desde Wrath of the Lich King, en 2008, ninguna urbe central había logrado generar en mí ese deseo de simplemente explorarla sin un objetivo claro, de perderme por sus recovecos y sentir que la vida bullía en ella más allá de las misiones que nos encomiendan. Es un espectáculo visual, una evolución del diseño original de TBC, que, no olvidemos, se construyó sobre las cicatrices de la invasión de Arthas. La nueva Lunargenta es colosal, diseñada con la verticalidad en mente y pensada expresamente para el vuelo. Si intentáis moveros a pie como antaño, creedme, la frustración estará garantizada. Yo tardé un par de horas en hacerme con su distribución mental, pero una vez comprendido, moverse por ella es un verdadero placer. Nos ofrece áreas impregnadas de historia, como el Sagrario de la Luz, junto a otras más funcionales donde se agrupan los comerciantes. El hecho de que sea una capital compartida entre la Horda y la Alianza añade una interesante capa de tensión narrativa que la compañía ha sabido explotar con acierto. No se trata de una fusión forzada; la convivencia resulta incómoda, con zonas aún en disputa, y el juego no intenta vendernos una paz idílica. Aunque a mí me da la sensación de que, en ciertos aspectos, esta situación puede resultar un poco desequilibrada para la Horda.

La campaña principal de Midnight nos presenta tres caminos de progresión tras completar Canción Eterna: la senda de Arator a través del continente, la trama de Zul'Jarra en Zul'Aman y la introducción de los Haranir en Harandar. Esta estructura evoca los planteamientos de expansiones como Legion o Shadowlands, pero la ejecución no siempre alcanza la misma brillantez en todas las rutas. La historia de Arator es, sin duda, la más lograda. Acompañar al hijo de Turalyon y Alleria en un periplo que nos lleva de vuelta al Monasterio Escarlata y a Roca Negra es puro fanservice, sí, pero del bueno; de ese que tiene peso narrativo y que nos obliga a cuestionar personajes que dábamos por sentados. Turalyon se acerca peligrosamente a convertirse en una figura antagonista, empujado por una Luz que el juego explora con matices morales mucho más complejos de lo habitual. No es que los desarrolladores hayan descubierto la ambigüedad moral en 2026, pero ver cómo la aplican a iconos que llevan décadas siendo arquetipos unidimensionales resulta refrescante, aunque a veces, tengo que admitir, el "lavado de cara" de ciertos personajes puede llegar a ser un poco exasperante. Zul'Aman, por su parte, cumple su cometido. La reconstrucción de la capital Amani posee una identidad visual propia, y la historia de Zul'Jarra, que busca redimir a su pueblo, tiene potencial, pero se queda un peldaño por debajo. Me parece un poco repetitivo hasta el hartazgo. Siempre parece que las tramas de los trols giran en torno a los loa; hay que ganárselos, apaciguarlos, o lo que sea. Creo sinceramente que el potencial narrativo de los trols va más allá de esta fórmula, aunque la zona es preciosa, también debo decir que no invita mucho a explorarla. Te lleva del punto A al B siguiendo la trama y poco más, lo que, a mi juicio, la convierte en una gran oportunidad desaprovechada. Y luego tenemos Harandar, la zona que genera más discrepancias. Visualmente es impresionante, una selva subterránea bioluminiscente, pero su narrativa se siente más como una presentación de una raza jugable camuflada como área de subida de nivel. Cumple su función, pero tras unas diez horas de campaña hasta el nivel 87, Harandar es la que menos huella deja, y sus personajes y su raza aliada… bueno, tampoco son los más memorables que hemos visto.
Y llegamos a la joya de la corona para muchos: el sistema de housing que llevábamos pidiendo quince años. Voy a ser tajante: si alguien me hubiera dicho hace un lustro que las viviendas en WoW me atraparían más que una raid, le habría dicho que estaba más perdido que un elfo de sangre en Orgrimmar. Pero aquí me tenéis. El sistema de residencias de Midnight es, probablemente, la novedad más significativa de la expansión para el perfil de jugador casual o de "lore". Podemos elegir parcela en un vecindario de nuestra hermandad, diferenciados por facción, y construir y decorar nuestro hogar con una libertad que oscila entre lo básico y lo absolutamente disparatado. Existe un modo de colocación libre que permite auténticas maravillas decorativas, y los muebles y ornamentos se obtienen de prácticamente todo el juego: profesiones de expansiones anteriores, mazmorras, bandas, misiones específicas, logros. Cada baldosa, cada estantería, cada alfombra tiene su origen propio, lo que transforma nuestra casa en un museo personal de nuestra trayectoria en Azeroth. Llevo una semana dedicando las tardes de domingo a redecorar mi humilde morada, sintiéndome absurda y feliz a partes iguales. El sistema posee suficiente profundidad para entretener al constructor compulsivo, pero también permite optar por algo más sencillo sin la sensación de perderse contenido crucial. Es evidente que los desarrolladores han tomado nota de títulos como Final Fantasy XIV, que lleva años haciendo esto de forma magistral, y aunque el resultado no alcanza aún la madurez de aquel (faltan más estructuras y la interacción entre vecinos es limitada), para ser un primer intento, es un punto de partida más que sólido. Parece que World of Warcraft se ha vuelto un juego de carácter "cozy" sin que yo me diera cuenta.

En un aspecto más positivo, el lanzamiento de Midnight ha sido notablemente estable. Más allá de un pequeño contratiempo con la misión inicial durante las primeras horas del acceso anticipado y algún pico de latencia puntual, no hemos tenido grandes problemas. Para un MMORPG que continúa congregando a millones de jugadores simultáneos, esto es un logro que merece ser aplaudido. Sobre todo, porque es casi un rito que los jugadores de World of Warcraft nos quejemos de la inestabilidad en cada nueva expansión. A día de hoy, Midnight se presenta como una expansión rica en contenido de subida de nivel y mundo abierto. Las tres bandas, Aguja del Vacío, Falla Onírica y Marcha a Quel'Danas, abrirán el 17 de marzo, y las mazmorras Míticas+ una semana después. Es decir, el verdadero endgame aún está por comenzar, y cualquier veredicto definitivo sobre la expansión dependerá de cómo se desarrollen esos encuentros y la economía de equipamiento a medio plazo. Pero como punto de partida, lo que se nos ofrece es bastante sólido.

En definitiva, Midnight es una expansión que acierta en muchos puntos, especialmente en la inmersión de su mundo y la capacidad de apelar a la nostalgia, pero que nos deja también con la preocupación de una posible deriva hacia una experiencia de juego demasiado suavizada, que podría desdibujar la esencia que muchos amamos. Será interesante ver cómo evoluciona en los próximos meses.
Un abrazo muy fuerte, saludos y cariño a toda la comunidad.