Videojuegos: Cuando el Entretenimiento se Transforma en Herramienta Científica
¿Cuántas veces hemos echado una partida solo por el gusto de pasarlo bien? Yo, muchísimas, para qué os voy a engañar. Pero la verdad es que, aunque la mayoría de los videojuegos nacen con ese fin, algunos han ido mucho más lejos. Hemos visto cómo ciertos títulos han sido clave para la recopilación de datos, la simulación de escenarios complejos e incluso se han utilizado en investigaciones científicas de lo más serias. Es para flipar, ¿eh? La próxima vez que estéis con el mando, pensad que quizá estéis contribuyendo a algo gordo. Uno de los ejemplos más claros y recientes que nos ha dejado con la boca abierta es el de Pokémon GO. Resulta que este juego, que nos sacó a todos a la calle como locos cazando criaturas, ha sido una mina de oro de información. Sus desarrolladores, Niantic, han aprovechado todos los datos que hemos compartido miles de jugadores –sí, nuestras ubicaciones y fotos de los Poképaradas y gimnasios– para crear un mapa virtual detalladísimo del mundo real. Y por si fuera poco, toda esta ingente cantidad de información, acumulada durante más de una década y con millones de jugadores activos por todo el globo, se ha usado para entrenar a una inteligencia artificial. ¿Con qué fin? Pues nada menos que para desarrollar robots de reparto. Así es, chavales. Aunque no pretende sustituir al GPS tradicional, Pokémon GO ha demostrado ser una herramienta súper útil para afinar la ubicación en sitios donde los sistemas de navegación suelen fallar, como en túneles o entre rascacielos. Quién nos iba a decir que mientras atrapábamos un Pikachu, estábamos ayudando a mapear el mundo para un futuro de reparto autónomo, ¿verdad?Pero si hay un título que no podía faltar en esta lista es el mítico World of Warcraft. Seguro que muchos de vosotros recordáis o habéis oído hablar del incidente de la "Sangre Corrupta". Esto no fue una fantasía de los desarrolladores, ¡qué va! Se trató de una pandemia virtual que ocurrió en el juego allá por 2005 y que, aunque solo duró una semana, fue una pieza fundamental para estudiar cómo se comportan las sociedades frente a una plaga. La cosa empezó con un hechizo de un enemigo, Hakkar el Cazador de Almas, que se suponía que debía desaparecer del personaje al poco tiempo. Pero, por un error de programación, el "virus" siguió propagándose más allá de la zona de la raid y se extendió como la pólvora por todo el mundo del juego. Mientras los desarrolladores se daban prisa para arreglar el desaguisado, la situación en World of Warcraft se descontroló completamente. Solo los jugadores de más nivel podían aguantar la enfermedad sin morir, convirtiéndose en portadores asintomáticos que infectaban sin querer a todo el mundo. Los personajes de bajo nivel, en cambio, palmaban a los pocos segundos de ser contagiados, creando un caos brutal en las ciudades principales. La situación fue tan real y fascinante que captó la atención de científicos y epidemiólogos de verdad, quienes la utilizaron para investigar las posibles reacciones que tendría una sociedad ante una pandemia, mucho antes de que el COVID-19 nos golpeara. Fue como tener un laboratorio a escala masiva, pero en vez de ratones, teníamos orcos y elfos sufriendo los estragos de la plaga. La leche, la verdad.Y para rematar, pero no por ello menos importante, tenemos que hablar del clásico Age of Empires 2. Sí, el juego de estrategia que nos ha tenido pegados a la pantalla creando imperios y machacando al vecino, también ha servido a la ciencia. Unos investigadores australianos lo utilizaron para estudiar ni más ni menos que el comportamiento de las hormigas. El estudio se centró en entender qué ocurre en las guerras entre colonias de estos pequeños bichos. Querían demostrar que sus conflictos podían explicarse mediante las famosas Leyes de Lanchester, que son unos modelos matemáticos que sirven para calcular la efectividad de las fuerzas militares y predecir los resultados de las batallas. Al final, los investigadores lograron demostrar que "el resultado de las guerras de hormigas depende de la naturaleza del campo de batalla", una conclusión que mola un montón porque sugiere que incluso la estrategia de los insectos tiene su paralelismo en las tácticas militares humanas. La verdad es que es para alucinar cómo un juego de construir imperios y machacar al vecino nos ha servido para entender mejor la logística de unas batallas de bichos. Así que, la próxima vez que os lancéis a una partida, recordad que los videojuegos son mucho más que un simple entretenimiento; son una ventana a la investigación y el conocimiento. ¡Un saludo, chavales!