Solaris supera a Interstellar: por qué la visión de Tarkovsky es superior
Aquí estamos nosotros, metidos otra vez en la comparativa del siglo (o casi). Mientras vosotros estáis ahí fuera debatiendo si la física de Interstellar aguanta o no, yo me he puesto a repasar Solaris, la joya de Andrei Tarkovsky, y tengo claro que esta película de 1972 le gana por goleada. No es que Interstellar sea mala, claro, que Christopher Nolan sabe hacer cine como nadie y nos vende bien la moto con esa épica visual tremenda. Pero Solaris no busca impresionaros con agujeros negros gigantes ni naves voladoras; busca meteros la duda en el cuerpo. La ciencia ficción siempre ha servido para espejearnos, pero mientras Nolan mira al cosmos desde fuera, Tarkovsky se mete en la mente de sus personajes hasta la médula. El planeta Solaris materializa los recuerdos más profundos de los astronautas, obligándoles a enfrentar su culpa y su humanidad. Es mucho más perturbador ver cómo te crean a tu esposa muerta frente a ti que ver una dilatación temporal bonita. Además, Tarkovsky se mofaba del enfoque frío de Kubrick en 2001: Una Odisea del Espacio, optando por un humanismo cálido y lento. Nolan actualiza ese legado con ritmo y emoción comercial, sí, pero Solaris deja preguntas incómodas que os van a perseguir durante días. Yo prefiero esa incomodidad a cualquier espectáculo visual.