Pokémon Escarlata y Púrpura: el polémico salto al mundo abierto que cambió la saga
Cuando aterrizaron Pokémon Escarlata y Púrpura, las redes sociales ardieron con críticas feroces debido a un apartado gráfico cuestionable y un rendimiento que dejaba mucho que desear. Siendo sincero, las quejas estaban más que justificadas. No obstante, no podemos negar que este título supuso un punto de inflexión al introducir, por primera vez, un mundo abierto real en la saga. Para nosotros, este cambio ha sido un arma de doble filo con luces y sombras muy marcadas. Si todavía no habéis dado el paso, os interesará saber que el precio ha bajado hasta los 50 euros, una cifra mucho más razonable que los 60 euros oficiales de lanzamiento.
La libertad que ofrece este título es, sin duda, su mayor baza. Poder recorrer la región sin pantallas de carga, saltando de una zona a otra y enfrentando los gimnasios en el orden que nos venga en gana, es una experiencia que se siente como un soplo de aire fresco. Es como cuando en el World of Warcraft pasas de una zona lineal a una expansión donde puedes explorar cada rincón a tu antojo; esa sensación de aventura sin restricciones es impagable. Sin embargo, esta ambición técnica ha tenido un coste elevado. La falta de un diseño estructurado hace que las limitaciones del motor gráfico sean más evidentes que nunca, y la progresión de los gimnasios se siente desequilibrada.

En definitiva, Pokémon Escarlata y Púrpura es un título que ha sentado cátedra, para bien o para mal. Aunque el concepto de mundo abierto le sienta como un guante a la esencia de la saga, la ejecución técnica nos deja con un sabor agridulce. Aun así, reconozco que me he divertido como un niño recorriendo sus tierras, aunque me quedé con las ganas de ver muchas más referencias a nuestra cultura española, algo que esperaba con más fuerza al estar la región basada en nuestro país. Es un juego que, pese a sus fallos, se ha ganado un hueco entre los mejores de la franquicia por su valentía al romper moldes.