¡Montamos el set de Lego de Pikachu y la Poké Ball! Una aventura épica de construcción con sabor a Pokémon.
Para celebrar el trigésimo aniversario de Pokémon, en UniversoManga.com nos hemos embarcado en la construcción de su más reciente set de Lego, ¡protagonizado por el mismísimo Pikachu! Yo, que allá por los noventa, cuando esta fiebre irrumpía con fuerza en los videojuegos y la televisión infantil, andaba más bien de parranda, me perdí gran parte de aquella ola. Sin embargo, la presión de sobrinos como Óscar, capaz de cambiar una flamante Gameboy por una carta Pokémon (¡menudo disgusto para sus padres!), hizo que los nombres de Blaziken o Typhlosion me resultaran familiares. Pero hay una figura que todos, absolutamente todos, reconocemos: Pikachu, y he tenido el honor de ensamblarlo, pieza a pieza, en su versión de Lego. ¡Un auténtico privilegio! La caja, por cierto, era de tal magnitud que la transporté como si fuese un bebé gigante, observada por vecinos curiosos que imaginaban que custodiaba un tesoro invaluable, y yo lo protegía con ahínco de manos avariciosas e imaginarias.
Así que, con el preciado paquete bajo el brazo, me dispuse a afrontar el desafío. Este set de Lego llega con su correspondiente manual de instrucciones, más grueso que un diccionario, y la friolera de 2.050 piezas repartidas en dieciséis bolsitas numeradas. Un número que me puso los dientes largos, sabiendo que la cosa iba para rato. Y es que, queridos lectores, construir con Lego es para mí una auténtica sesión de yoga; uno se olvida del mundo, del reloj, de las preocupaciones económicas, de los acontecimientos globales o de las responsabilidades del hogar. Es una desconexión total, un bálsamo para la mente adulta que nunca termina de parar y que yo diría que todo el mundo debería experimentar.
Mientras veía cómo esas diminutas piezas de infinidad de colores, muchos de ellos en tonos pastel, iban tomando forma, no podía evitar la pregunta: "Pero, ¿esta ratita no era amarilla?". Sí, era nuestro querido Pikachu, que de "pequeño" no tiene nada una vez terminado. Su apariencia final es realmente impresionante. Sin embargo, el camino hacia la perfección no fue precisamente liso. En algún punto de mi meticulosa construcción, cometí un error, un minúsculo desliz que, en el universo Lego, es un "¡no, no!" mayúsculo. Como bien sabréis los que os habéis atrevido con estas maquetas, tanto si construyes un muro de ladrillos como una estructura de Lego, todas las piezas tienen que encajar; de lo contrario, a la larga todo irá mal.
Y así fue. Varias horas después, justo cuando intentaba encajar la parte trasera con el cuerpo principal, la pieza no cedía. Por más que apretaba, la unión era imposible. Miraba y remiraba, sin encontrar el dichoso fallo, hasta que un buen amigo me sugirió retroceder paso a paso. Pero ya era tarde; había liado parda y las piezas empezaron a desmoronarse. Un enfado monumental me invadió, y acabé desmontando casi todo lo que había construido, excepto el panel trasero, que al menos sabía que estaba correcto. Fue entonces cuando recordé la maravillosa aplicación Lego Builder, que había usado con éxito en un set anterior. ¡Menuda salvación! Permite rotar las instrucciones en 3D, viendo cada detalle desde cualquier ángulo, lo que significa que es casi imposible pasar por alto cuántos pivotes tienes que contar al unir las piezas.
Con la aplicación en mano, me convertí en una experta en Pikachu, pues tuve que construirlo, ¡sí, dos veces! Y por fin, ahí estaba el dichoso error: dos piezas diminutas que se habían colado en el hueco equivocado. En un santiamén, volví al punto de conflicto y esta vez, el panel trasero encajó a la perfección, sin el menor problema. Una lección de que las cosas no siempre salen según lo planeado a la primera, ¡incluso para una diosa como yo! Reconozco el sarcasmo, y espero que los fans de Lego no me envíen Duplo en represalia por esta blasfemia. Si bien me es difícil calcular el tiempo exacto al haberlo montado dos veces, calculo que, si os animáis, os esperan unas seis horas de entretenimiento, dependiendo de vuestra velocidad. El set se compone de tres partes: el impresionante Pikachu de 35 centímetros, una pequeña Poké Ball que se monta bastante rápido, y la base que lo sostiene todo, que lleva su tiempo.
El Pikachu, una vez finalizado, luce de lo más mono. Aunque he de reconocer que el diseño de su soporte me ha causado un poco de escozor. ¿Os imagináis tener que "ensartar" a nuestra querida rata eléctrica por el… bueno, por la parte trasera? ¡Pobre criatura! Parece una salchicha gorda en un pincho de barbacoa. No es de extrañar que se me saltara una lagrimita cuando lo vi en ese perrito caliente. A pesar de este pequeño "pero" en el diseño, el nivel de detalle es altísimo, y ya tiene su sitio de honor en mi pequeña vitrina, entre Leon S. Kennedy y Jill Valentine. Por cierto, hay dos versiones de cola (macho y hembra, como en los juegos), y sus orejas, brazos y pies son articulados. Eso sí, me ha parecido un pelín más frágil que mi anterior construcción, el Iron Man de Marvel; este Pikachu tiende a perder alguna extremidad con más facilidad, convirtiéndose a veces en un bandido manco o un tipo menos esperanzado.
En definitiva, ha sido una experiencia de construcción de lo más divertida y gratificante. Uno no puede sino asombrarse ante la genialidad de los ingenieros que diseñan estas maravillas; es increíble cómo de un puñado de piezas sin sentido, de repente, surge una cabeza o un brazo. Las personas detrás de esto son verdaderos maestros de la ingeniería. ¿Podría ser este el "juguete" más inteligente y fascinante del mundo? Si esta pequeña joya ha despertado vuestra curiosidad y queréis haceros con ella, sabed que puede ser vuestra por 199,99 €. ¡Una forma espléndida y original de festejar el 30 aniversario de Pokémon!