Goat Simulator 3 en Switch 2: el caos ya no tiene límites
Hay juegos que intentan ser realistas, otros buscan contar historias profundas… y luego está Goat Simulator 3, que directamente decide que todo eso es irrelevante. La tercera entrega (que en realidad es la segunda, porque el 2 no existe y es una broma interna) vuelve a poner al jugador en la piel, o más bien en las pezuñas, de una cabra cuya misión es simple: causar el máximo caos posible en un mundo abierto sin reglas claras. No estamos ante una experiencia diseñada para la coherencia, el equilibrio o la narrativa clásica, sino ante un sandbox que convierte el absurdo en su principal virtud. ¿Alguna vez habías visto a una cabra conducir un tractor por la ciudad? ¿Y disfrazarse de espantapájaros? ¿O hacer cross fit en una iglesia? Pues eso no es nada en comparación con todo lo que podréis ver en este juego. En Goat Simulator 3 encarnáis a una cabra cuyo único propósito es interactuar con el mundo de la forma más destructiva e imprevisible posible. No hay una historia que os guíe ni una progresión convencional que os empuje hacia adelante. En su lugar, el juego deposita al jugador en la isla de San Angora, un entorno amplio y repleto de estímulos diseñado para provocar la curiosidad constante. Cada esquina esconde una situación absurda, un evento inesperado o una interacción física que desafía cualquier lógica realista. Esta falta de estructura, lejos de ser un defecto, define la identidad del juego. Goat Simulator 3 no quiere que sigáis un camino, quiere que os lo inventéis. La diversión emerge de la experimentación: embestir a un NPC y ver cómo sale despedido, enganchar objetos con la lengua y generar cadenas de destrucción o simplemente explorar el mapa buscando qué nueva locura han preparado los desarrolladores. La clave está en que el sistema de físicas, deliberadamente inestable, convierte cada acción en una potencial fuente de caos. Lo que en otros títulos sería un bug, aquí es prácticamente una mecánica. Sin embargo, esta filosofía tiene un coste evidente. Tras las primeras horas, cuando el impacto de lo inesperado empieza a diluirse, se hace visible cierta superficialidad en el diseño. El mundo es grande y está lleno de actividades, pero pocas de ellas tienen un peso real más allá del chiste inmediato. No hay una evolución significativa en la jugabilidad ni una sensación de progreso tradicional. El juego confía completamente en que el jugador encuentre su propia motivación dentro del caos, y eso no siempre funciona a largo plazo. Donde sí consigue renovarse constantemente es en su humor. La obra apuesta por un tono plagado de referencias y situaciones ridículas. Sin ir más lejos, el juego arranca con nosotros subidos a un carromato, simulando al dedillo la primera escena de Skyrim. ¡Un guiño que seguro ha enamorado a más de un Sangre de Dragón! Hay momentos en los que esa apuesta resulta brillante, especialmente cuando el jugador se topa con eventos que parecen improvisados o completamente fuera de lugar. Pero también hay ocasiones en las que ese mismo humor puede resultar excesivo o incluso agotador, especialmente para quienes no conectéis con ese tipo de propuesta. El multijugador es, sin duda, uno de los puntos fuertes para mantener la diversión, permitiendo que el caos se multiplique cuando jugáis con amigos. La versión de Nintendo Switch 2 nos permite llevar este desmadre a donde sea, aunque el rendimiento puede variar según la intensidad de la acción en pantalla. En definitiva, Goat Simulator 3 es un juego para desconectar el cerebro y dejar que las pezuñas hagan el trabajo. Si buscáis profundidad, quizás no sea vuestro juego, pero si lo que queréis es reíros con una cabra que lo rompe todo, no os vais a arrepentir.


Noticias relacionadas
MediaMarkt lanza una promoción irresistible para hacerse con la Nintendo Switch 2
Nintendo lanza un bundle especial para la Switch 2 con juegos incluidos
Indiana Jones y el Gran Círculo llega a Switch 2: un port sorprendente
PcComponentes lanza la Nintendo Switch 2 con 'Pokémon Pokopia' por menos de 500 euros