Repasamos la historia detrás del póster de Expediente X, desde su dudosa procedencia hasta la batalla legal que obligó a cambiarlo.
El Pentágono ha vuelto a mover ficha con sus informes sobre fenómenos aéreos, soltando archivos que nos dejan a todos con la mosca detrás de la oreja. Pero mientras el gobierno juega a las adivinanzas, yo no puedo evitar mirar hacia atrás y recordar ese cartel que presidía el despacho de Fox Mulder. Es como cuando en el World of Warcraft esperas una actualización de contenido que nunca llega a satisfacer del todo; al final, lo que nos queda es la nostalgia y el mito. Ese póster con el lema I Want To Believe es, sin duda, el objeto más reconocible de la televisión de los noventa.


Lo que muchos de vosotros quizás no sepáis es que la imagen original no salió de un banco de fotos cualquiera. Su autor fue Billy Meier, un granjero suizo que, tras perder un brazo, se dedicó a fotografiar supuestas naves espaciales que, según él, venían de las Pléyades. Chris Carter, el creador de la serie, se encaprichó de esa imagen y la plantó en el set sin pedir permiso a nadie. Fue una jugada arriesgada, muy al estilo de cuando intentas hacer un speedrun en un juego de motor y te saltas una curva peligrosa: al final, la demanda llegó y la productora tuvo que rectificar.

A partir de la cuarta temporada, el cartel cambió. El OVNI era distinto, más plano y menos hipnótico que el original de Meier. Fue una solución de emergencia que, curiosamente, encajó bien en la trama cuando el despacho de Mulder acabó pasto de las llamas. Es curioso cómo la ficción se adapta a los errores legales con tanta elegancia. Al final, ese trozo de papel enrollado en el suelo del despacho desmantelado en el cierre de la serie original es el símbolo perfecto de nuestra propia búsqueda: queremos creer, aunque sepamos que, al igual que en los videojuegos, a veces los gráficos son solo una fachada para ocultar que el código fuente es un misterio absoluto.