El origen inesperado de los rugidos más aterradores del cine
¿Sabíais que el terror que sentimos con los velociraptores de Jurassic Park tiene un origen de lo más peculiar? Os contamos cómo el diseño sonoro transformó lo cotidiano en una pesadilla prehistórica.
El cine es un arte de engaños, y en lo que respecta al diseño de sonido, la realidad suele ser mucho más mundana de lo que imaginamos. Cuando nos sentamos a ver una película, nuestro cerebro se deja llevar, igual que cuando nos sumergimos en una partida de World of Warcraft y olvidamos que estamos frente a una pantalla. En el caso de Jurassic Park, el equipo de sonido tuvo que enfrentarse a un reto monumental: dar voz a criaturas extintas. Gary Rydstrom, el genio detrás de este trabajo, no buscaba efectos digitales genéricos, sino texturas orgánicas que nos pusieran los pelos de punta.


Al final, el éxito de esta obra maestra radica en que el sonido nos hace creer lo que nuestros ojos ven. Mientras que el CGI aporta la imagen, el diseño sonoro aporta la vida, la rabia y esa respiración pesada que nos hace sentir que el peligro es real. Es un recordatorio de que, a veces, la magia más efectiva no nace de un ordenador, sino de grabar a un animal haciendo algo extraño y tener la visión necesaria para convertirlo en un icono del cine. La próxima vez que veáis la película, recordad que detrás de ese terror, hay un trabajo de edición que roza lo cómico, pero que funciona a la perfección.
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