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El caballero del dragón: la odisea espacial que casi arruina el cine español

El caballero del dragón: la odisea espacial que casi arruina el cine español

16 May 2026, 17:51 0 0 0 Ciencia ficción
Analizamos el rodaje más caótico de nuestra historia cinematográfica, donde la ciencia ficción se mezcló con el desastre absoluto y la locura de Klaus Kinski.

En los años ochenta, mientras nosotros disfrutábamos de los primeros videojuegos de motor o nos perdíamos en mundos de fantasía, Fernando Colomo decidió realizar una apuesta suicida. Intentó levantar una superproducción de ciencia ficción en una España que apenas contaba con los medios técnicos necesarios. El resultado fue El caballero del dragón, una cinta que mezclaba castillos medievales con naves espaciales y que, a día de hoy, recordamos como un despropósito técnico que terminó convirtiéndose en una obra de culto.

El rodaje fue un auténtico calvario, comparable a intentar hacer una raid de alto nivel en World of Warcraft con un grupo que no sabe ni equiparse. La presencia de Klaus Kinski fue el detonante de una tensión constante. El actor alemán se comportaba como un jefe final descontrolado, insultando al equipo y provocando retrasos constantes. La situación llegó a ser tan crítica que el resto del reparto, incluyendo a un Harvey Keitel que pasaba por una mala racha profesional, tuvo que lidiar con sus desplantes diarios. Miguel Bosé, por su parte, sufría dentro de un traje espacial que parecía diseñado para torturarle más que para interpretar a un alienígena.

Los problemas logísticos fueron constantes. Desde figurantes que casi pierden la vida en un lago por el peso de sus armaduras hasta un presupuesto que se esfumó como si estuviéramos tirando oro en una subasta inútil. Colomo terminó arruinado, con una deuda de cincuenta millones de pesetas y un coche como único patrimonio. Es curioso cómo una producción que nació con la intención de emular a los grandes éxitos de Hollywood terminó siendo un desastre financiero que, irónicamente, años después ha sido reivindicada por figuras como Quentin Tarantino.

Para nosotros, esta historia es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando la ambición supera a la realidad técnica. Fue un proyecto que intentó volar demasiado cerca del sol, como si estuviéramos jugando una partida de carreras donde el motor explota en la primera curva. A pesar de que la crítica la destrozó en 1985 y el director casi sufre un infarto por las deudas, el tiempo ha puesto a esta marcianada en su lugar. No es solo una película, es un testimonio de una época donde el cine español intentó ser algo que todavía no podía sostener, dejando tras de sí una leyenda negra que, al menos, nos sirve para echar la vista atrás y sonreír ante semejante locura.

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