El caballero del dragón: la odisea espacial que casi arruina el cine español
Analizamos el rodaje más caótico de nuestra historia cinematográfica, donde la ciencia ficción se mezcló con el desastre absoluto y la locura de Klaus Kinski.
En los años ochenta, mientras nosotros disfrutábamos de los primeros videojuegos de motor o nos perdíamos en mundos de fantasía, Fernando Colomo decidió realizar una apuesta suicida. Intentó levantar una superproducción de ciencia ficción en una España que apenas contaba con los medios técnicos necesarios. El resultado fue El caballero del dragón, una cinta que mezclaba castillos medievales con naves espaciales y que, a día de hoy, recordamos como un despropósito técnico que terminó convirtiéndose en una obra de culto.


Para nosotros, esta historia es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando la ambición supera a la realidad técnica. Fue un proyecto que intentó volar demasiado cerca del sol, como si estuviéramos jugando una partida de carreras donde el motor explota en la primera curva. A pesar de que la crítica la destrozó en 1985 y el director casi sufre un infarto por las deudas, el tiempo ha puesto a esta marcianada en su lugar. No es solo una película, es un testimonio de una época donde el cine español intentó ser algo que todavía no podía sostener, dejando tras de sí una leyenda negra que, al menos, nos sirve para echar la vista atrás y sonreír ante semejante locura.
Comentarios
0 comentarios
Todavía no hay comentarios remotos visibles para esta noticia.