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Species: el desaprovechado legado de H. R. Giger en la ciencia ficción de los noventa

Species: el desaprovechado legado de H. R. Giger en la ciencia ficción de los noventa

18 Aug 2026, 06:14 0 0 0 31 Ciencia ficción
La cinta de 1995, recordada por muchos como un simple thriller erótico, escondía tras de sí el talento del creador del xenomorfo, cuya visión artística fue eclipsada por las decisiones comerciales de Hollywood.

Resulta curioso analizar cómo una producción con tanto potencial terminó convirtiéndose en un producto tan divisivo. En octubre de 1995, llegaba a nuestras pantallas Species, una propuesta que intentaba mezclar el terror biológico con la ciencia ficción. Yo recuerdo perfectamente aquella época, donde el cine era nuestro refugio principal y cada entrada era una inversión importante de nuestra paga semanal. Sin embargo, al salir de la sala, la sensación generalizada era de desconcierto; la película se sentía como un quiero y no puedo, un tostón que no terminaba de cuajar a pesar de sus ambiciones.

Lo que realmente hace que este filme sea un caso de estudio es la participación de H. R. Giger. Contar con el padre del xenomorfo de Alien era, en aquel entonces, un sello de calidad indiscutible. Giger no se limitó a poner su nombre; se involucró profundamente en el diseño de Sil, aportando esa estética biomecánica tan característica donde lo sensual se funde con lo terrorífico. No obstante, mientras el artista trabajaba en bocetos y marionetas, el estudio tenía otros planes. La maquinaria de marketing decidió ignorar la complejidad artística de la criatura para centrarse exclusivamente en el atractivo físico de la protagonista, Natasha Henstridge.

Es frustrante comprobar cómo las decisiones de los ejecutivos terminaron por desvirtuar el trabajo de un genio. Giger llegó a enviar comunicaciones expresando su malestar por las similitudes forzadas con la saga Alien, como la escena del lanzallamas o la muerte de la criatura, que él consideraba poco originales. Mientras él intentaba elevar el nivel del guion, la producción prefería apostar por fórmulas manidas. Es como si tuvieras un Ferrari y decidieras usarlo únicamente para ir a comprar el pan; una pérdida de talento absoluta que dejó a la película en tierra de nadie.

A pesar de todo, si rascamos bajo esa capa de thriller noventero, encontramos una premisa que ha envejecido con cierta dignidad: el miedo a la manipulación genética. En un momento donde el Proyecto Genoma Humano empezaba a ocupar titulares, la idea de un organismo cuyo único fin es la propagación biológica a cualquier precio resultaba inquietante. Species intentó ser un exponente del body horror, pero se quedó a medio camino entre la seriedad científica y el reclamo publicitario barato. Al final, nos queda la lección de que, por mucho talento que pongas en la mesa, si el estudio solo quiere vender posters, el arte siempre acaba pagando los platos rotos.

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