Species: el desaprovechado legado de H. R. Giger en la ciencia ficción de los noventa
La cinta de 1995, recordada por muchos como un simple thriller erótico, escondía tras de sí el talento del creador del xenomorfo, cuya visión artística fue eclipsada por las decisiones comerciales de Hollywood.
Resulta curioso analizar cómo una producción con tanto potencial terminó convirtiéndose en un producto tan divisivo. En octubre de 1995, llegaba a nuestras pantallas Species, una propuesta que intentaba mezclar el terror biológico con la ciencia ficción. Yo recuerdo perfectamente aquella época, donde el cine era nuestro refugio principal y cada entrada era una inversión importante de nuestra paga semanal. Sin embargo, al salir de la sala, la sensación generalizada era de desconcierto; la película se sentía como un quiero y no puedo, un tostón que no terminaba de cuajar a pesar de sus ambiciones.


A pesar de todo, si rascamos bajo esa capa de thriller noventero, encontramos una premisa que ha envejecido con cierta dignidad: el miedo a la manipulación genética. En un momento donde el Proyecto Genoma Humano empezaba a ocupar titulares, la idea de un organismo cuyo único fin es la propagación biológica a cualquier precio resultaba inquietante. Species intentó ser un exponente del body horror, pero se quedó a medio camino entre la seriedad científica y el reclamo publicitario barato. Al final, nos queda la lección de que, por mucho talento que pongas en la mesa, si el estudio solo quiere vender posters, el arte siempre acaba pagando los platos rotos.
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