Los recortes presupuestarios que casi arruinan el live-action de One Piece
La producción de la serie de Netflix estuvo al borde del desastre tras una drástica orden de reducir costes y episodios a la mitad, lo que obligó a reescribir el guion original.
La creación de una adaptación de imagen real conlleva riesgos evidentes, pero lo que ocurrió con la primera temporada de One Piece supera cualquier expectativa negativa. Según ha trascendido recientemente, la plataforma de streaming exigió inicialmente recortar el presupuesto a la mitad y reducir el número de capítulos de diez a ocho. Yo, personalmente, me quedé de piedra al conocer que el equipo ya tenía los guiones terminados para diez entregas cuando recibieron este jarro de agua fría. Tuvimos que ver cómo el trabajo previo se tiraba a la basura para ajustarse a unas exigencias financieras que, sinceramente, parecían sacadas de una broma de mal gusto.

La firmeza del autor fue el punto de inflexión necesario para que Netflix reculara. Al ver que el creador de la obra no estaba dispuesto a aceptar una versión descafeinada, la plataforma decidió finalmente inyectar el capital necesario para mantener la fidelidad al material original. Es un alivio saber que, a veces, el criterio de los autores prevalece sobre los números fríos de los ejecutivos. Ahora que sabemos que la tercera temporada llegará en 2027, solo nos queda esperar que no vuelvan a intentar recortar donde no deben, porque los seguidores de esta historia no perdonamos fácilmente una mala adaptación.
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