Lifeforce: La locura cósmica de Dan O'Bannon y Cannon Films
Conocéis a Cannon Films aunque quizás no os suene su nombre al instante. Era la productora que Menahem Golan y Yoram Globus transformaron en una fábrica incansable de cine para adolescentes: acción, terror y ciencia ficción rodados a toda prisa y vendidos con un descaro admirable. Pero en 1985 decidieron apostar casi todo a una carta muy peculiar: contratar al director de La matanza de Texas, Tobe Hooper, junto al guionista de Alien, Dan O'Bannon, y darle veinticinco millones de dólares para filmar una historia sobre vampiros espaciales atrapados en el cometa Halley. El resultado fue Lifeforce, conocida en España como Fuerza Vital, una cinta que no recuperó ni de lejos su presupuesto, pero que hoy brilla por su encanto peculiar.Dan O'Bannon es, sin duda, uno de los arquitectos invisibles de la ciencia ficción moderna. Su huella está en obras maestras como Dark Star, dirigida por un joven John Carpenter en 1974, o en el guion original de Alien, ese sueño pesadillesco que Ridley Scott materializó. También firmó la adaptación libre de Desafío Total basada en Philip K. Dick. ¿Cómo es posible que este genio acabara escribiendo sobre vampiros psíquicos para Cannon? Antes de Alien, O'Bannon había trabajado en la ambiciosa pero fallida adaptación de Dune de Alejandro Jodorowsky, donde conoció a H.R. Giger, esencial para el diseño del xenomorfo. Así que, indirectamente, Alien no existiría sin el naufragio de esa película.La trama de Lifeforce sigue la estructura clásica: una tripulación encuentra algo dormido en el espacio, lo sube a bordo y descubre tarde que ha traído una amenaza mortal. Sin embargo, mientras Alien era claustrofobia y silencio, Lifeforce es puro delirio. Hay desnudez, apocalipsis en Londres y una vampiresa espacial que drena la energía vital de todos a su paso. Es curioso pensar que el trabajo de O'Bannon estaba por todas partes a principios de los ochenta, aunque él mismo no sea tan famoso hoy. El aire familiar con Alien se nota al rascar, pero aquí la casa era Cannon, no Fox, lo que permitió un tono más gótico y cercano al terror británico clásico. Cuarenta años después, sigue siendo difícil de defender, pero imposible de olvidar.

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