Guía definitiva para disfrutar de la filmografía de Studio Ghibli
La filmografía de Studio Ghibli es, sin lugar a dudas, uno de los pilares fundamentales de la animación japonesa. Como no existe una continuidad narrativa entre sus historias, la mejor forma de abordar este catálogo es mediante un orden cronológico. Yo os recomiendo empezar por los cimientos, con la épica Nausicaä del Valle del Viento de 1984, para luego saltar a la aventura aérea de El castillo en el cielo en 1986. Si buscáis algo que os llegue al alma, La tumba de las luciérnagas de 1988 es una parada obligatoria, aunque preparad los pañuelos porque es un drama durísimo.
Para quienes prefieran algo más ligero, Mi vecino Totoro y Nicky, la aprendiz de bruja son opciones fantásticas que destilan encanto por los cuatro costados. A medida que avanzamos en los noventa, nos encontramos con joyas como Recuerdos del ayer, la peculiar historia de Porco Rosso o la introspectiva Susurros del Corazón. Es curioso cómo el estudio ha sabido alternar entre la fantasía más desbordante, como en La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro, y relatos costumbristas que parecen sacados de la vida real. Por cierto, si os gustan los gatos, no podéis pasar por alto Haru en el reino de los gatos, que es un spin-off espiritual de la historia de Shizuku.
No os agobiéis intentando verlas todas de golpe, porque es una maratón que requiere paciencia. Es como intentar comerse una paella gigante uno solo: mejor disfrutarla poco a poco para no acabar empachados. El estudio ha demostrado una capacidad técnica y narrativa envidiable, logrando que cada cinta se sienta como una pieza de museo. Desde la comedia familiar de Mis vecinos los Yamada hasta la complejidad de El castillo ambulante, cada título aporta una visión única del mundo. Yo os animo a que os dejéis llevar por la magia de estos autores, ya que cada visionado siempre descubre algún detalle nuevo que se nos había escapado anteriormente.