Game Freak rompe sus cadenas con Beast of Reincarnation
Resulta curioso ver cómo Game Freak, una compañía que siempre hemos tenido encasillada en el mismo molde, decide salir de su zona de confort. Con Beast of Reincarnation, nos encontramos ante una propuesta que se aleja de los monstruos de bolsillo para adentrarse en un Japón devastado en el año 4026. Yo creo que es un movimiento valiente, aunque no esté exento de errores que me han hecho torcer el gesto en más de una ocasión. La premisa nos pone en la piel de Emma, una joven marcada por una maldición, acompañada por Koo, un perro que también sufre los efectos de la corrupción ambiental.
Lo que más me ha convencido, sin lugar a dudas, es el sistema de combate. Es ágil, técnico y permite una personalización que ya quisieran otros títulos del género. La sinergia entre Emma y su compañero canino es el alma del juego; cuando logras coordinar los ataques de katana con las habilidades de apoyo de Koo, la experiencia es realmente gratificante. Es como intentar bailar un tango mientras esquivas espadazos, algo que, si te sale bien, te hace sentir el rey de la pista. Los jefes finales son otro punto a destacar, ya que exigen aprender patrones y no perdonan ni un solo error de cálculo.

En definitiva, estamos ante un proyecto que demuestra que el estudio tiene talento para crear mecánicas profundas fuera de su zona de confort, pero que se pierde en una estructura que se siente estirada artificialmente. Si sois pacientes y os gusta dominar sistemas de combate complejos, encontraréis motivos para disfrutar, pero preparaos para lidiar con una narrativa que se toma su tiempo y una repetición que, al menos a mí, me ha llegado a cansar. Es un paso adelante, sí, pero con algún que otro tropiezo que no podemos pasar por alto si queremos ser críticos con lo que jugamos.