Fantasmas de Marte: La joya de ciencia ficción que traumatizó a generaciones enteras
Os confieso que hay películas que llegan a tu alma (o a tu sistema nervioso) con tan solo una escena clave. Yo me encontré con esa experiencia hace años, en un videoclub cualquiera, alquilando Fantasmas de Marte. En aquel entonces, creía que todas las historias espaciales eran tan inofensivas como los Ewoks de Star Wars, pero John Carpenter tenía otros planes para mí. Esta cinta, dirigida por el maestro del terror, parece haber sido sacada directamente del universo de DOOM o Mad Max, mezclando acción desenfrenada con un futurismo bastante peculiar. No es una obra maestra narrativa; de hecho, tiene más lagunas de guion que un colador, pero eso no impide que sea adictiva. Imaginad la trama: estamos en el año 2176, la Tierra está superpoblada y Marte se ha convertido en una colonia minera. Un grupo de policías, liderados por Ice Cube, viaja allí para capturar a un fugitivo. Lo que encuentran no son simples mineros, sino una población poseída por demonios marcianos que pueden habitar cuerpos humanos. La cosa se complica cuando descubren que estos seres pueden controlar a las personas, creando un caos total. A pesar de su duración cercana a las dos horas, Carpenter logra mantenernos enganchados mediante misterio más que por terror puro. Su ritmo es lento, casi hipnótico, lo que permite apreciar detalles curiosos, como la aparición temprana de Jason Statham como villano. El inicio comienza casi por el final, mostrando que la protagonista sobrevive, pero el verdadero atractivo reside en ver cómo los personajes cometen errores constantes mientras intentan sobrevivir. Es esa mezcla de seriedad y absurdo lo que hace que valga la pena revivirla décadas después.
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