Emilia Clarke revela que rodar Terminator: Génesis fue una pesadilla
Aunque Emilia Clarke es conocida mundialmente por Daenerys Targaryen, su paso por Terminator: Génesis marcó un punto de inflexión en su carrera cinematográfica. La película, estrenada en 2015, pretendía revitalizar una franquicia que llevaba años estancada tras las dos primeras obras maestras de James Cameron. Con Arnold Schwarzenegger de vuelta como el icónico cyborg y Clarke interpretando a la joven Sarah Connor, las expectativas eran altísimas. Sin embargo, lo que parecía un proyecto sólido se convirtió en una completa desilusión tanto para los espectadores como para quienes trabajaron en él.
A pesar de recaudar más de 440 millones de dólares, el coste de producción rondaba los 155 millones, lo que hizo que el balance final no fuera tan brillante como esperaban los estudios. Pero el dinero no lo es todo; la crítica fue bastante severa con esta quinta entrega, calificándola como inferior a sus predecesoras. Lo curioso es que, paradójicamente, este fracaso relativo salvó a la actriz de encasillarse eternamente en el rol. Si la película hubiera triunfado rotundamente, probablemente nos habrían obligado a ver una secuela directa protagonizada por ella, algo que al parecer no le hacía mucha gracia.
Clarke ha confesado recientemente, en una entrevista para Vanity Fair, que el rodaje fue un infierno. El director, Alan Taylor, conocido por su trabajo en series de televisión como Juego de Tronos, resultó ser un tipo difícil en el set. La actriz comentó que Taylor estaba "devorado y masticado" por la película, sintiéndose lejos del profesional que todos recordábamos. No era solo cuestión de dirección técnica, sino de ambiente general. Clarke señaló que nadie pasó un buen momento durante las grabaciones. Para haceros una idea de cómo estaba el clima laboral, el equipo de Los Cuatro Fantásticos, que filmaba cerca, solía bromear diciendo: “Al menos no estamos en Terminator”. Una frase que rezumaba cansancio y frustración compartida.
La baja respuesta del público fue, según Clarke, una bendición disfrazada. Al no cumplir con los números astronómicos esperados, se descartó de inmediato la posibilidad de una segunda parte. Esto permitió que la historia de Sarah Connor terminara aquí, evitando que la actriz tuviera que repetir el papel indefinidamente. Aunque la película quedó muy por debajo de lo prometido, al menos nos dejó con la tranquilidad de saber que Clarke pudo seguir explorando otros roles sin quedar atrapada para siempre en el mundo cyberpunk de Cameron. Un final feliz, quizás, para quien tuvo que sufrir el rodaje.
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