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El frío extremo llega a la península: cuando la realidad se encuentra con la ciencia ficción

El frío extremo llega a la península: cuando la realidad se encuentra con la ciencia ficción

20 Oct 2026, 09:31 0 0 0 2 Ciencia ficción
La AEMET alerta de temperaturas inusualmente bajas en el norte y centro de España, recordándonos los escenarios apocalípticos que el cine y la literatura han explorado durante décadas sobre glaciaciones y supervivencia extrema.

Nosotros, que estamos acostumbrados a ver cómo el termómetro baja, nos encontramos ahora ante una previsión de la AEMET que sitúa los valores entre 5 y 10 grados por debajo de lo habitual. Mientras yo saco el abrigo del armario, es inevitable pensar en cómo la cultura popular ha retratado este fenómeno. El comportamiento del vórtice polar, ese gran desconocido que regula el clima ártico, es el protagonista de esta bajada de temperaturas. Si se mantiene estable, el invierno será llevadero, pero si se debilita, el aire gélido se desplaza hacia nuestras latitudes, provocando heladas que nos hacen sentir como si estuviéramos en una película de desastres.

En el cine, la rapidez con la que el clima cambia suele ser una licencia creativa. Yo siempre recuerdo cómo en cintas como El día de mañana se aceleran los procesos naturales para crear un espectáculo visual donde Manhattan se congela en cuestión de minutos. Aunque la realidad es mucho más pausada, el miedo al frío extremo es un tema recurrente. Por otro lado, obras como Snowpiercer nos ofrecen una visión distinta: un invierno global provocado por un error humano, donde la supervivencia se reduce a un tren en movimiento. Es curioso cómo la ficción utiliza el hielo no solo como un obstáculo físico, sino como un escenario para explorar la desigualdad social y la gestión de recursos limitados.

El subgénero conocido como frostpunk ha ganado terreno, imaginando mundos donde el calor es el bien más preciado. Ya sea en la literatura de autores como John Christopher o en videojuegos de gestión de ciudades, la idea de una civilización que lucha por no extinguirse bajo una capa de nieve perpetua nos fascina. Es irónico recordar que el año sin verano de 1816, causado por erupciones volcánicas, fue el caldo de cultivo para que Mary Shelley escribiera Frankenstein. Parece que el frío, además de calarnos hasta los huesos, tiene la capacidad de inspirar las historias más oscuras y profundas de nuestra cultura. Ahora, mientras vosotros os abrigáis frente a la estufa, solo queda esperar si este invierno será un simple episodio de frío pasajero o si, como en las novelas, el termómetro se empeña en no subir.

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