El Festival Internacional de Cinema de Bueu se vuelca con la ciencia ficción
Durante la segunda jornada del certamen, que se extenderá hasta el próximo día 19, el Centro Social do Mar se convirtió en el epicentro del debate cinematográfico. Nosotros hemos seguido de cerca las mesas redondas donde se analizó cómo el audiovisual contemporáneo gestiona temas tan espinosos como la autocensura, la cultura de la cancelación y la representación política. Expertos en la materia diseccionaron cómo el humor, a veces, puede terminar normalizando conductas que preferiríamos dejar atrás, poniendo como ejemplo producciones que todos conocemos de sobra. Es curioso cómo algo que debería ser una simple risa puede acabar calando hondo en la sociedad, ¿verdad?
Por mi parte, me ha parecido fascinante el análisis sobre cómo el cine industrial y el independiente se entrelazan, haciendo que las fronteras entre ambos sean cada vez más borrosas. Es como intentar separar la sal del azúcar en un postre; al final, todo forma parte de la misma receta. Tras este bloque de pensamiento crítico, el festival cambia el chip por completo. Este domingo, el protagonismo absoluto recae en la ciencia ficción. Se ha preparado una selección retrospectiva que abarca desde los albores del cine, con piezas de finales del siglo XIX, hasta propuestas mucho más actuales. Es un viaje en el tiempo en toda regla, pasando por autómatas y robots que parecen sacados de una pesadilla retro.
Además, para los que buscáis emociones fuertes y novedades, el domingo marca el pistoletazo de salida para las secciones competitivas. Podréis disfrutar de obras dentro de la categoría de Descubertas y, cómo no, del talento local con la sección de cintas gallegas. Es el momento perfecto para ver qué se está cociendo en la industria y descubrir si alguna de estas piezas se lleva el gato al agua. Yo estaré muy atenta a las proyecciones, porque siempre hay alguna joya oculta que te deja con la boca abierta. Si tenéis oportunidad de acercaros, no dejéis pasar la ocasión de ver cómo el género fantástico sigue siendo una herramienta brutal para cuestionar nuestra propia realidad.
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