El despido de Mamoru Hosoda de Ghibli fue el mejor regalo para el cine de animación
Hoy en día, es casi un lugar común decir que Studio Ghibli se sostiene sobre los hombros de Hayao Miyazaki. Sin embargo, si viajáis en la máquina del tiempo hasta principios de los años 2000, veréis que la cosa era bastante distinta. El estudio tenía la intención clara de apostar por otros directores para liderar sus futuros proyectos, y uno de esos elegidos fue Mamoru Hosoda. Este director ya había dejado huella trabajando en series como 'Digimon Adventure' y 'One Piece', pero su gran oportunidad llegó cuando se anunció que dirigiría la adaptación de 'El castillo ambulante'.Pero, ¿qué ocurrió exactamente? La película llevaba ya un año en producción con un estreno previsto para 2003. Miyazaki había dejado su marca previa con diseños y propuestas, pero Hosoda entró al trapo con mucha ilusión. Venía muy recomendado por sus compañeros de Toei Animation, especialmente tras su trabajo en 'One Piece'. No obstante, tras meses dentro de las instalaciones de Ghibli, Hosoda empezó a notar que no terminaba de sentirse cómodo. Aunque nunca se desveló oficialmente el motivo exacto, las pistas apuntan a que el estudio buscaba un director de encargo que replicara el estilo de Miyazaki, mientras que Hosoda tenía sus propias ideas creativas que chocaban con esa visión corporativa.En una entrevista, el propio Hosoda explicó que la diferencia entre lo que él quería hacer y lo que Ghibli exigía era demasiado grande. Decía que hay un "tono" y unas reglas específicas dentro del estudio que debes seguir sí o sí. Sin embargo, lejos de ser el fin del mundo, esta separación resultó ser el mejor impulso para su carrera. Tras volver a Toei, estrenó en 2005 'One Piece: El Barón Omatsuri y la Isla de los Secretos', considerada por muchos como una de las mejores películas de la franquicia. Al año siguiente, lanzó 'La chica que saltaba a través del tiempo', un romance de ciencia ficción que le catapultó al estrellato.Desde entonces, Hosoda ha seguido brillando con obras originales como 'Summer Wars' y 'Los niños lobo', además de fundar su propio estudio, Studio Chizu. Mientras tanto, Miyazaki terminó dirigiendo 'El castillo ambulante' a su manera, incluyendo un potente alegato contra la guerra de Irak, creando una joya absoluta de su filmografía. Así que, queridos lectores, queda claro que despedirse de Ghibli no significa fracasar. Al final, todos salimos ganando: nosotros tenemos dos directores geniales y el cine de animación se beneficia enormemente de esta dualidad.


