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El auge de la distopía: cuando la naturaleza se convierte en la protagonista literaria

El auge de la distopía: cuando la naturaleza se convierte en la protagonista literaria

04 Oct 2026, 01:10 0 0 0 16 Ciencia ficción
Analizamos el reciente debate en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires sobre cómo la narrativa actual ha dejado atrás la utopía para explorar una naturaleza amenazante, volcánica y biológica que desafía nuestra comprensión del mundo.

Durante la reciente edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, bajo la temática de Hábitat, se llevó a cabo un encuentro titulado Naturaleza distópica. En esta mesa redonda, diversos especialistas analizaron cómo la literatura ha transitado desde las visiones optimistas del positivismo hacia una representación contemporánea donde el entorno natural se percibe como una fuerza incontrolable y, en ocasiones, hostil.

El punto de partida de esta reflexión fue el impacto histórico de la erupción del volcán Tambora en 1815. Este evento climático, que provocó el famoso año sin verano en 1816, sirvió como catalizador para que Mary Shelley diera forma a su obra cumbre, Frankenstein. Los ponentes destacaron cómo aquel escenario apocalíptico marcó el nacimiento de la ciencia ficción moderna, estableciendo una conexión directa entre los desastres geológicos y la creación de mitos literarios que perduran hasta nuestros días.

La escritora Verónica Stigger, presente en el evento, compartió su experiencia al escribir su obra Krakatoa durante el confinamiento. Para ella, los volcanes funcionan como una metáfora del poder destructivo y, a la vez, como un lenguaje oculto de la Tierra. Según su perspectiva, no solo los seres vivos convencionales poseen vitalidad, sino que los elementos geológicos profundos, como el magma o el hielo, actúan como entidades sintientes que dialogan en una escala que escapa a nuestra percepción cotidiana.

Por su parte, Roberto Chuit Roganovich introdujo el concepto del bionte en su narrativa, una entidad fúngica que atraviesa diversas líneas temporales. Este elemento busca representar una otredad radical, algo que se resiste a ser clasificado por las ciencias humanas. Es como si intentáramos explicarle física cuántica a un gato; simplemente hay cosas que nuestra lógica actual no alcanza a procesar. El autor busca así desafiar los límites del lenguaje humano, creando una naturaleza que no puede ser domesticada ni comprendida bajo las taxonomías tradicionales.

Finalmente, Soledad Quereilhac aportó una visión académica al conectar estas inquietudes actuales con las fantasías científicas de finales del siglo XIX. La discusión dejó claro que, lejos de ser un simple decorado, la naturaleza en la literatura contemporánea se ha transformado en un agente activo. Nosotros, como lectores y observadores, debemos enfrentarnos a la idea de que el planeta tiene sus propios ritmos, a menudo ajenos a nuestras necesidades, recordándonos que somos apenas una pequeña parte de un sistema mucho más complejo y, a veces, bastante aterrador.

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